Y apareciste tú, dándome la mano para dar el último
paso, el último empujón que necesitaba. Estuve perdido y me indicaste qué
caminos podía seguir. Solo tuve que escucharte para encontrar mi sonrisa, para
agradecer cada una de las maravillosas pequeñas cosas que forman parte de mi
vida.
Hoy mi cara es otra, pero el corazón sigue siendo el
mismo, cálido y fuerte. Lo gris coge color, lo viejo se siente joven, los
problemas tienen solución, solo con cada gesto que me ofreces. El futuro es
otro, me pertenece, está en mis manos y quiero que lo esté también en las
tuyas.
Cada momento, cada segundo, es especial si tú lo
compartes conmigo.
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