sábado, 4 de marzo de 2017



Y apareciste tú, dándome la mano para dar el último paso, el último empujón que necesitaba. Estuve perdido y me indicaste qué caminos podía seguir. Solo tuve que escucharte para encontrar mi sonrisa, para agradecer cada una de las maravillosas pequeñas cosas que forman parte de mi vida.

Hoy mi cara es otra, pero el corazón sigue siendo el mismo, cálido y fuerte. Lo gris coge color, lo viejo se siente joven, los problemas tienen solución, solo con cada gesto que me ofreces. El futuro es otro, me pertenece, está en mis manos y quiero que lo esté también en las tuyas.

Cada momento, cada segundo, es especial si tú lo compartes conmigo.

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